A la señorita Liz Puerto
Por Joaquim Fonseca
Señorita Liz,
Las cartas no sirven para que yo te envíe un pedazo de mi pensamiento; tampoco para que mi ausencia se vista de palabras y te llene la habitación con fantasmas de mi soledad; menos para decirte como estoy lejos y triste. Así, no te las mando, me las guardo. Un día ya no existirán mis amores y en muchas fechas del pasado estaré en esas prisiones de grades verbales, adjetivas, sustantivas y las demás clases morfológicas de algún idioma bizarro. Sí, me las guardo, a que cuando al final fatalmente me odies, porque así es, las tenga yo y me libre de la inevitable verguenza de habértelas enviado.
Señorita Liz,
Las cartas no sirven para que yo te envíe un pedazo de mi pensamiento; tampoco para que mi ausencia se vista de palabras y te llene la habitación con fantasmas de mi soledad; menos para decirte como estoy lejos y triste. Así, no te las mando, me las guardo. Un día ya no existirán mis amores y en muchas fechas del pasado estaré en esas prisiones de grades verbales, adjetivas, sustantivas y las demás clases morfológicas de algún idioma bizarro. Sí, me las guardo, a que cuando al final fatalmente me odies, porque así es, las tenga yo y me libre de la inevitable verguenza de habértelas enviado.


2 Comments:
Parabéns, Joaquim Fonseca! Esse seu texto passa uma tristeza muito real e ao mesmo tempo serena. Impressionou-me o tom que você conseguiu.
Hola Leopoldo
Te felicito por lo que escribiste...Debe ser linda esa Liz...
Un abrazo
C
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