Vuelo y pesadilla o pesadilla y vuelo
Por Joaquim Fonseca
Un hada silvestre me conducía
hacia las ásperas vegetaciones
por un sendero penumbroso
a la hora del rojo poniente.
He visto insectos multicolores
moviéndose al borde de la vía.
El suelo gris se traspasaba
calmo en el silencio.
Yo sabía que me estaba llevando
a lo más hondo del bosque.
De repente, penetramos no en la selva
pero en un infinito desierto.
Todo había cambiado cuando
lentamente el cielo oscurecía.
El abandono gobierna estas regiones, escuché,
desde adentro.
Además, las brillantes poblaciones del cielo
emanaban un sonido malo, imperceptible.
Por la distancia no lo oía, pero lo sentía.
A fuerza de una esperanza oculta
he volado la superficie de arena
hasta la velocidad del silencio;
y, de golpe, tomé el rumbo de las estrellas.
Al extremo horizonte fui
pero la salida no se hizo clara.
Vi, en una esquina, a dos niñas que jugaban
a la sombra negra de la noche.
Tenían las piernitas cruzadas
y los corazones contaminados.


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